Soy inmigrante
Soy inmigrante, ese que emigra buscando horizontes nuevos. Haga de cuenta que no lo conozco; que no he reparado ni siquiera en sus ganas de saberme repatriado. No es eso lo que me desvela, es decir, su actitud de librarse de mi; de mis hermanos refugiados.
Me intriga, sí; me intriga saber de su pobre alma; de su pobre y triste ropaje de culta/o descargando cuanto malo pensamiento pasa por su cabeza, en las orejas de un cura-dor, que como remedio le dice: Puede usted no sentir pena, rezar y pedir perdón a Dios en el Shopping, comprando todo a crédito hasta el día de su muerte.
Así es señor habitante de esta tierra de reyes que usted dice ser suya o, de quienes la pueden o han podido comprar. Este soy yo, un habitante del planeta que usted/es pretende/n expulsar o confinar a un sitio cuya única oportunidad de vida que existe es irse, y no precisamente llegarse.
Transito el camino que creo merecer por ser parte de la naturaleza.
Soy /somos como sus ancestros; hechos de la misma carne, con el mismo barro. Siento el deseo de vivir de modo natural, también como lo indica la ley de la vida que nos involucra por igual. Llevo en mi piel la negrura, la blancura, el cobrizo, el mestizaje de todas las razas que lo fabuloso de la creación hizo con nosotros. Me reconozco su hermano en la plenitud del gozo ante cada nuevo amanecer sin ninguna mezquindad, atento a la posibilidad de existir bajo este mismo cielo y sobre este mismo suelo.
Hoy me exige seguir; continuar mí marcha y de no hacerlo me encarcela, me atemoriza con leyes que crean en foros fundados para hablar del ser humano desde un mullido asiento para traseros acostumbrados a largas horas de aplastar ideas . Desde allí, con rostro de dolidos y comprometidos funcionarios en misión humanitaria, decretan dónde y cómo debe ser mi lugar, mi vida y mi muerte.
Tal vez hoy gane, me deporten o me utilicen para mostrar alguna estadística que justifique el trabajo de algún guardián de sus fronteras, pero déjeme decirle algo que estoy sintiendo, sabiéndome estorbo, sobra y sorprendido de espanto: He visto al esclavo que usted lleva consigo disimulado en cotillón y ruidosa fantasía. Es una pena, ambos, podríamos ser, definitivamente libres.
Miguel Longarini
Librepensador y poeta argentino
¡La tierra manda!
Mi blog - www.apurocorazon.blog.com.es

Gloria-bendita


Pienso que todos somos inmigrantes, dejamos nuestras raíces, a veces nuestra lengua materna para vivir mejor en otro lugar. Todos somos peregrinos del mundo.